En el cielo siempre esta una bella dama
La luna siempre ha tenido algo especial para mí. Es hermosa en todos los sentidos, no solo por su luz, sino por lo que representa. Es capaz de brillar en medio de la oscuridad, de estar sola entre las nubes y aun así mostrarse imponente, serena, recordándome que incluso en los momentos más grises siempre se puede seguir iluminando el camino. Cuando la miro, no solo veo sus cráteres. Muchos los llaman imperfecciones, pero para mí son las huellas de todo lo que ha vivido, de los golpes que el tiempo y el universo le han dado. Y es ahí donde encuentro su verdadera belleza: en esas marcas que no la apagan, sino que la hacen única. Así somos también nosotros. Las cicatrices, las caídas, los momentos duros… todo eso nos moldea, nos forma y nos enseña. La luna me recuerda que no hay falla que quite el brillo, que las heridas también pueden reflejar luz. Por eso, cada vez que la miro, siento que me habla bajito, diciéndome que lo hermoso no está en ser perfecto, sino en haber resistido y ...